Octubre es el mes de las hojas pintadas. Su fastuoso resplandor se expande, en esa estación, alrededor del mundo. Del mismo modo que los frutos, las hojas y e día en sí adquieren un matiz brillante justo antes de su caída, el año también se encamina hacia su ocaso. Octubre es su cielo al atardecer, noviembre, la úlima luz crepuscular.
Es este lúcido esayo del autor de Walden va describiéndose, con delicada precisión, labelleza delos roblesescarlata, los olmos, o las distintas variedades de arces, y van dejando esparcidas entre sus magistrales páginas, con un estilo exquisito y un profundo amor por la Naturaleza, sus hojas ocres y doradas, sus formas brillantes y sus únicos e insuperables colores.