Si alguna vez pensaste en dejar tu trabajo un lunes... este libro es para ti.
Una novela fresca sobre la amistad femenina como tabla de salvación en una generación atrapada entre la precariedad laboral y el peso de parecer que todo va bien.
Después del trabajo llegan los martinis. Y las amigas.
Para Alicia, el Afterwork es un bálsamo que alivia las rozaduras de la vida adulta. En Londres, a donde se fue hace siete años para estudiar literatura inglesa, todos la conocen como Liz: es más fácil de pronunciar.
Claro que le encantaría ser escritora, pero apuntar alto es un privilegio reservado para los nepobabies, así que por ahora trabaja haciendo textos en una start-up. No soporta a los nómadas digitales y las horas extra, pero al menos hay kombucha gratis en la oficina.
Igual que Sísifo con su roca, Alicia empuja su rutina como un castigo.
¿Habrá alguien que no sienta todo el rato que debería hacer más?
Sin embargo, cuando se encuentra alrededor de una mesa con sus amigas parece que todo cobra más sentido: el trabajo, el amor, la ambición y el miedo a querer demasiado o a dejar de intentarlo por completo. Entre cigarrillos y patatas fritas, todas comparten algo: la sensación de estar improvisando su paso por la vida adulta.
Con una voz afilada y fresca, Afterwork es, ante todo, un elogio de la amistad como esa clase de amor difícil de definir y que sostiene mucho más que cualquier plan de futuro. Que cambia de forma las veces que haga falta y se sienta junto a ti cuando tocas fondo.